La sabiduría esencial de los cuentos de hadas: Primer capítulo
Origen e historia de los cuentos
Al preguntarnos desde cuándo se cuentan cuentos, hemos de remontarnos al principio de los tiempos, pues se sabe que, hasta la época del cuento escrito se transmitían de viva voz de generación en generación. En una época en la que no había televisión, ni Internet, ni aparatos de entretenimiento de ningún tipo, las historias se contaban de padres a hijos, ya sea en las tertulias nocturnas antes de dormir, en las noches de verano a la luz de la luna o ante el fuego chisporroteante de una chimenea en las noches de invierno, al amor de la lumbre. Hay testimonios de que estas historias se contaban en todas las culturas antiguas al mismo tiempo, incluso muchos de ellos se repiten de forma simultanea de una a otra parte del océano, en Oriente y en Occidente, casi en los mismos términos. La idea primordial era la transmisión de valores que podían ser comunes a todas religiones o culturas antiguas, aunque cada cultura tuviera su creencia particular. Por ejemplo, en el cristianismo se adoptaron varios de estos cuentos para dar una enseñanza de carácter moralizante a los fieles. De esta manera, muchos de ellos fueron transmitidos de forma oral por monjes, frailes y clérigos en conventos, caminos, mares, bibliotecas y universidades. Estos cuentos se dividían siempre en dos partes: la primera era la narración principal, la parte del cuento propiamente dicha; y la segunda, lo que ellos llamaban exemplo, una explicación en forma de lo que hoy llamaríamos moraleja o moralidad, de la cual se ha prescindido en la actualidad.
Uno de estos monjes, que debía saber escribir (cosa rara en la época) realizó una compilación (alrededor del siglo XII o XIII) a la que llamó Gesta Romanorum (Los hechos de los romanos). Gracias a él tenemos hoy una obra escrita con los cuentos según eran narrados en la antigüedad por el entorno cristiano, incluidas las moralejas. El objetivo principal de esta obra fue la de suministrar a los sacerdotes, comunidades monásticas, pedagogos y predicadores con una variedad muy extensa de cuentos e historias bastante entretenidas, que pudiera servirles para trasmitir unos principios básicos de moralidad cristiana en sus sermones y enseñanzas.
Y lo más curioso de estos cuentos eran las moralejas o explicaciones simbólicas que, como veremos en el ejemplo siguiente, parecen sacadas de un archivo que se conocía en la antigüedad y que hemos ido perdiendo.
Ejemplo de un cuento de la obra Gesta Romanorum
La princesa bien guardada y los siete regalos
Reinaba Pompeyo, muy rico y poderoso, que tenía una hija bellísima a la que amaba tan tiernamente que, para custodiarla, la puso cinco soldados con el fin de que, so pena grave, la protegiesen de todo peligro. Los soldados armados la custodiaban día y noche, y, ante la puerta de la cámara ponían una lámpara encendida para que nadie, durante la noche, se acercase a ella mientras ellos dormían o estaban ignorantes. Y tenían un gozquecillo buen ladrador con el fin de que sus ladridos les despertasen.
Esta muchacha, que anhelaba grandemente los espectáculos del mundo, estaba criada con toda ternura.
Estando mirando al exterior, llegó un capitán que, clavando en ella sus ojos impúdicos, quedó al instante presa de su amor porque era muy hermosa, graciosa a los ojos de todos, e hija única del Emperador, la cual, a la muerte de su padre, por derecho hereditario, obtendría el Imperio. Este capitán le prometió muchas cosas para conseguir su aquiescencia, y ella, confiando en sus promesas, consintió. Al instante, mató al perrito, apagó la lámpara, se levantó del lecho por la noche y siguió al capitán. A la mañana siguiente, todos se preguntaban a dónde habría ido.
Había a la sazón en el palacio del Rey un fuerte luchador que siempre combatió en favor de la justicia real. El cual, al oír que el padre había sido tenido en poco por su hija, emprendió veloz carrera tras ella. El capitán, como viese que venía armado, entabló combate con él. Pero ganó el púgil, cercenó su cabeza y devolvió a la muchacha a palacio.
Sin embargo, no vio ésta durante mucho tiempo el rostro de su padre, sino que continuamente lanzaba gemidos y suspiros. Oyendo esto un sabio en el palacio del Emperador —sabio que siempre operaba como mediador entre aquél y los demás—, movido a piedad, por medio de él, la muchacha se reconcilió con su padre y se desposó con un varón nobilísimo, realizado lo cual, recibió los siguientes regalos:
En primer lugar recibió de su padre una túnica talar preciosa entretejida por todas partes y con esta inscripción: «Te dejé, no me rechaces». Recibió del Rey una corona de oro esculpida con esta inscripción: «Tu dignidad te viene de mí». Del defensor recibió un anillo con esta inscripción: «Te he amado, aprende a amar». Del sabio mediador recibió otro anillo con otra inscripción: «¿Qué he hecho? ¿Cuánto? ¿Por qué?». También recibió del hijo del Rey otro anillo con esta inscripción: «Eres noble. No desprecies tu nobleza». De su propio hermano otro anillo con la siguiente leyenda: «Acércate a mí, no temas. Soy tu hermano». Del esposo recibió un sello de oro, con el que quedaba asegurada para ella la herencia de aquél. En él estaba grabada esta leyenda: «Ya estás unida a mí. No quieras andar errante en lo sucesivo». La muchacha, cuando hubo recibido estos regalos, los guardó durante toda su vida, y, amada por todos, acabó en paz sus días.
Moralidad
Carísimos: Este Emperador es el Padre celestial que nos libró, mediante la pasión de su Hijo, de las fauces del diablo. Él es rey de reyes y señor de los que dominan. Deuter. XXXII. «¿Acaso no es él tu padre, el que te posee, te hizo y te creó?» . Hija única es el ánima racional entregada a cinco soldados, esto es, a los cinco sentidos, para su custodia, que están armados de virtudes, que son las que el hombre recibió en el bautismo. Estos sentidos son: la vista, el oído, etc., que tienen la misión de protegerla contra el diablo, el mundo y la carne. La lámpara encendida es la voluntad sujeta en todo a Dios, que debe arder siempre en las buenas obras para no caer en pecado. El buen perrillo ladrador es la conciencia, que tiene que recalcitrar contra el pecado; pero, ¡ay dolor!, el alma, queriendo ver los espectáculos del mundo, con frecuencia se asoma al exterior y lo hace todas las veces que obra contra el mandamiento divino, y, al instante, es sacada con su consentimiento por el capitán, esto es, por el raptor infernal. Y de esta manera se apaga la lámpara de las buenas obras y muere el perrillo de la conciencia y de este modo el alma sigue al diablo en la noche del pecado. Como oyese esto el púgil nuestro, es decir, Dios —porque no hay ningún otro que luche por nosotros, sino Tú, Dios nuestro— inmediatamente luchó contra el capitán y condujo el alma al palacio del reino celestial. Cristo era el sabio mediador, según dice el apóstol en su primera epístola a Tim. II. «Jesucristo hombre es el único Dios mediador entre Dios y los hombres». El hijo del rey es Cristo, de donde el salmista: «Tú eres mi Hijo, etc.» Nuestro hermano, Cristo, Gen. XXXVII: «Es nuestro hermano». Nuestro esposo es Cristo, según el dicho de Óseas: «Me casaré contigo en la fe». Y además: «Tú eres mi esposo según la sangre» pues por Él fuimos reconciliados con el Padre y llamados a la paz. El es, pues, nuestra paz; una y otra es una misma cosa. Ad Eph.
Recibimos de él las ofrendas predichas, primero la túnica talar, es decir, su envoltura dignísima y ciertamente pulida, por estar tejida con flagelación, sangre y lividez de diversa índole. El tejido no tiene sino la siguiente inscripción: «Te he perdonado porque te redimí; no quieras volver a obrar mal. Vete —dijo— y no quieras pecar más». Esta es la túnica de José, teñida con la sangre del cabrito. Gen. XXXVII. Este Cristo, nuestro rey, nos dio una corona gloriosísima —es decir, en cuanto que quiso ser coronado por nosotros—, y, verdaderamente, en Él nos hemos encontrado. De mí procede tu dignidad. De aquí que escriba Joh., de esta corona: «salió Jesús llevando una corona de espinas». Cristo es también nuestro defensor, que nos dio un anillo, esto es, un orificio de la mano derecha y, verdaderamente, en Él podemos percibir lo que está escrito: «Te he amado, aprende a amar.» Apocal. primero: «Nos amó, y con su sangre lavó nuestros pecados». Cristo, nuestro mediador, nos dio otro anillo, esto es, un orificio de la mano izquierda, donde podemos ver escrito: «¿Qué he hecho? ¿Cuánto? ¿Por qué?». ¿Qué he hecho?»: Me empequeñecí asumiendo la forma de esclavo; «¿Cuánto?»: Hice a Dios hombre; «¿Por qué?»: Para que redimiese al hombre, que estaba perdido. De estas tres cosas nos habla Zachar. XIV: «¿Qué son estas heridas enmedio de tus manos?». Y responde diciendo: «Estoy llagado con ellas en la casa de aquellos que me amaron». Cristo es nuestro hermano e hijo del rey eterno. Nos dio un tercer anillo y un orificio, en el pie derecho. Y allí grabó: «Eres noble; no desprecies tu nobleza». De igual manera Cristo es nuestro hermano y nos dio un cuarto anillo; es decir, el orificio del pie izquierdo, en el que está escrito: «Acércate, no temas. Soy tu hermano». Cristo es nuestro esposo, que nos dio el sello con el que nos fue otorgada y confirmada la herencia del esposo, esto es, la herida de su costado, atravesado con la lanza, por el gran amor con el que te amó; y qué hay allí, sino: «Ya está unida a mí por la misericordia, no quieras pecar más».
Insistimos, pues, carísimos, guardad bienes tan puros para que podamos decir aquello de Mattheo: «Señor, me entregaste cinco talentos». Y así, sin duda, podremos reinar en el seno eterno, el cual, ¡ojala!, se dignen darnos el Padre y el hijo.
Simbología habitual en la Gesta Romanorum
Emperador = Padre celestial
Hija única = ánima racional
Cinco soldados = cinco sentidos (vista, oído, etc.)
Armas = virtudes
Lámpara encendida = voluntad sujeta en todo a Dios; buenas obras
Arder = hacer buenas obras
Buen perrillo ladrador = conciencia
Exterior = mundo
Capitán (amante, seductor y raptor) = diablo (raptor infernal)
Noche = pecado
Púgil (defensor nuestro) =Dios
Palacio = Reino celestial
Sabio (mediador) = Cristo
Hijo del rey = Cristo
Esposo = Cristo
Rey = Cristo
Defensor = Cristo
***
También en la India nos encontramos con la obra escrita de los cuentos Jatakas o historias del nacimiento de Buda, que contienen una gran cantidad de los primeros cuentos populares auténticos de la India. En muchos de estos cuentos, el héroe virtuoso del pasado suele identificarse con una encarnación de Buda. Como en el ejemplo siguiente extraído del libro Cuentos y fábulas de la India
Ejemplo de una fábula de la India
El león y la grulla
El Bodhisattva nació una vez como una grulla en la región de Himavanta. En ese tiempo Brahmadatta reinaba en Benarés. Había un León que se le atravesó un hueso en la garganta mientras comía. La garganta se le inflamó de tal forma, que no podía ingerir alimentos, su sufrimiento era horrible. La grulla, que estaba sobre la rama de un árbol en busca de comida, al verlo, le preguntó:
—¿Qué te ocurre, amigo?
Al contarle el león lo que le pasaba, volvió a decirle la grulla:
―Yo podría liberarte de ese hueso, pero no me atrevo a introducirme en tu boca por miedo a que me devores.
―No tengas miedo ―le dijo el león―, si me salvas la vida, no te comeré.
―Muy bien ―dijo la grulla, mintiendo― , y saltando, se puso a su lado izquierdo. Pero pensando: «¿Quién sabe lo que este individuo hará?».
Colocó un palo entre sus mandíbulas en posición vertical para que no pudiera cerrar la boca y metió su cabeza en el interior, golpeó uno de los extremos del hueso con el pico, con lo cual el hueso se soltó y cayó al suelo. Tan pronto como hubo provocado la caída del hueso, salió de la boca del león, golpeando el palo con el pico para que se soltara, y entonces volvió a subirse a la rama. El león se recuperó, y un día estaba comiéndose un búfalo que había cazado. La grulla pensó: «yo le sonaré», y se colocó en una rama justo encima de él. Y para entrar en conversación dijo primero este verso:
«Rey de las bestias,
vuestra majestad.
Un gran servicio te hemos hecho
con nuestra más preciada habilidad.
¿Obtendremos de ti algún provecho?».
Y en la réplica el león dijo el segundo verso:
«Como yo me alimento de sangre
y siempre ando a la caza de la presa,
que vivas todavía, ya es bastante,
habiendo estado de mis dientes cerca».
Y la grulla contestó con los dos últimos versos:
«Ingrato, no haciendo nada bueno,
no devolviendo el bien que alguien te hizo
Al que no tiene gratitud
es inútil prestarle algún servicio.
Su amistad no se gana
por las más buenas y claras hazañas
Mejor retirarse tranquilamente de él
Sin envidias, insultos o artimañas».
Y, habiendo dicho esto, la grulla se alejó volando.
***
Y, cuando el gran maestro, Gautama el Buda, contó esta historia, añadió: «En aquel tiempo, el león era Devadatta, el traidor, pero la grulla blanca era yo mismo».
En la gran mayoría de los cuentos de las diferentes culturas o religiones se incluyen también, como en el caso de la Gesta Romanorum, reyes, reinas, princesas y príncipes…, cuya simbología analizaremos en el apartado La simbología esencial de los personajes de los cuentos.

Comentarios
Publicar un comentario